La llegada de estos vehículos prometía mejorar la movilidad en ciudades congestionadas y contaminadas por el tráfico, pero se han topado con accidentes, lentas regulaciones y la oposición de algunos habitantes

 

Monopatines eléctricos

El año pasado, miles de monopatines eléctricos empezaron a aparecer en Latinoamérica, pertenecían a plataformas de micromovilidad como Bird, Lime y Scoot (estadounidenses), Grin (mexicana) o Yellow (brasileña).

Cualquier persona que disponga de un Smartphone y una tarjeta bancaria puede acceder a un monovehículo; por medio dólar y 10 centavos por minuto podemos dejarse atrás el tráfico en aquellas ciudades que tienen grandes atascos.

Según los seguidores de este medio transporte, otra ventaja de moverse en un monovehículo es utilizar un transporte limpio en aquellas zonas cuyos niveles de contaminación son altos. Para sus detractores, no obstante, lo que consiguen es empeorar el caos vial ya existente.

Los monopatines eléctricos pueden alcanzar los 40 km/h y sus problemas acaban de comenzar. En Ciudad de México, con más de 20 millones de habitantes y casi 5 millones de automóviles, un conductor de monovehículo sobrevivió al golpe de un coche cuando conducía. En Lima, una mujer fue arrollada en la acera por uno de estos vehículos. Y en lo que va de año, en Sao Paulo ya se han dado 125 atropellamientos.

 

Monovehículos en Europa y Estados Unidos

Tal y como sucedió en Europa y en Estados Unidos, donde los monopatines eléctricos llegaron primero, en algunas ciudades de América Latina (Ciudad de México, Lima, Bogotá y Sao Paulo) han empezado las quejas porque estos vehículos circulan por las aceras, se estacionan sin control y bloquean el paso a los peatones y a otros vehículos.

Las empresas de estos monovehículos han visto en Latinoamérica el modo de expandirse: Lime ha iniciado operaciones en Sao Paulo y Río de Janeiro este mes de julio y lo hará próximamente en Buenos Aires y Lima. Por su parte, la mexicana Grin se ha unido a la brasileña Yellow para reforzar su presencia en la región.

 

Elementos positivos del monopatín eléctrico

Según Inrix (empresa de análisis de datos), los monopatines eléctricos favorecen los desplazamientos en horas punta en aquellas ciudades latinoamericanas que están ubicadas en los tres primeros puestos de ciudades con el peor tráfico del mundo (Bogotá, Ciudad de México y Sao Paulo).

Ante los conflictos y accidentes que están generando el uso de monovehículos, lo primero “es cómo podemos implementar movilidad de scooters y bicicletas pero al mismo tiempo garantizar la seguridad de las personas que utilizan estos vehículos”, declara el especialista de WRI, Iván de la Lanza, institución de colabora con diversas urbes en asuntos como la movilidad sustentable.

Pero además añade que “el ambiente de inseguridad vial alrededor [de estos vehículos], las altas velocidades, la falta de regulación en vehículos motores, la falta de infraestructura segura, es lo que está generando la mayor parte de accidentes”.

 

Primeras decisiones de los Gobiernos

Las autoridades de Ciudad de México ordenaron que, lo mismo que sucede con las bicicletas, los monopatines eléctricos circularan por ciclovías o en el cauce vehicular, además de la recomendación del uso del casco. Por otro lado, también fijaron límites en relación al número de unidades que cada operador puede tener y fijaron un pago que debe hacerse a la capital por cada uno de los vehículos.

La directora general de seguridad vial de Ciudad de México, Fernanda Rivera, ha explicado que “creemos que (los monopatines) son buenos porque incentivan viajes no motorizados. Creímos que regularlos era la mejor alternativa”. Lime o Grin, por ejemplo, podrán tener hasta 1.750 unidades, por ejemplo.

En Perú, las autoridades prohibieron en abril que los patines eléctricos circularan por las vías peatonales y su velocidad se fijó en 20 km/h. En Bogotá, las reglas son muy parecidas, pero además los usuarios deben usar obligatoriamente casco. En Brasil, la velocidad está limitada a 6 km/h en áreas peatonales y a 20 km/h en vías ciclistas.

En Ciudad de México, los partidarios de estos monovehículos se han acostumbrado a los conflictos con peatones, ciclistas y automovilistas, lo único que piden es más educación entre la población.

 

Fuente: El Nuevo Diario